Es el grito silencioso de los inconformes, ese que te sube a la garganta como bilis cada vez que te pisan un cayo, te niegan un derecho, te aplastan un sueño... Ese que no te atreves a decir en voz alta por miedo a... cualquier cosa! (Una mirada sorprendida, un paso hacia atrás dejando el espacio suficiente para ver quién ha tenido la osadía de referirse -en tan denigrantes términos- al innombrable... O una mano que te apachurra un hombro mientras su dueño te dice al oído "Acompáñame calladito y no te pasará nada") Cualquier cosa! Eso... que late entre los dientes, entre las ideas, entre pensamiento y pensamiento, como un puño cerrado con las uñas clavándose en la carne, pero sin atreverse a lanzarse en piñazo. Eso... que te da ganas de emigrar.
Pánfilo no tiene miedo. Él no conceptualiza, no resume, no generaliza. Él sólo tiene hambre. Y lo grita con el estómago más que con la boca : "Jamaaaaaaaa! Aquí lo que hace falta es jama, que hay tremenda hambre!" Hay quien ha dicho que es valiente, pero los cubanos sabemos que está loco. "Para vivir en este país no hace falta estar loco, pero ayuda", solía decir mi amigo Leo, y nos doblábamos de la risa, porque él estaba loco (o al menos, eso decían sus doctores). Y es que el concepto de estar loco lleva consigo el hecho de salirse de la realidad, del sentido común, de colocarse en sentido contrario a lo que la mayoría supone como lógico o verdadero. Lo verdadero, lo lógico, en este caso es el miedo, lo que provoca el tácito susurro del inconforme, sus súbitas ganas de emigrar... Pánfilo carece de sentido común, pero grita con una sola convicción: "No, compadre, no! Hay que decirlo: Jamaaaaaaa!" Y tiene toda la razón, hay que decirlo.
Hoy desperté mirando en CNN el desfile del primero de mayo en la Plaza de la Revolución. Si los cubanos supieran cómo se les manipula, estoy segura de que por las calles de la Habana habría muchísimos más Pánfilos.



